jueves, 16 de diciembre de 2010

Tu Fantasma

Yesterday I saw you in a dream. It was amazing... for a while but then again it all was gone... once more
Tan perfecto que te fuiste, tan idiota que lo dejé ser
y ahora estamos "a mil millas del lugar en el que deberíamos estar" (EB)

Yo sólo supe de un nombre, tu nombre
Luego apareció él
y tú te diluiste aquel día.
Hoy, trece malditos años después
sigue siendo tu nombre
sigues siendo EL HOMBRE.

Los fantasmas se vuelven tan reales y materiales
cuando los vivos se vuelven irreales
cuando el recuerdo
es más fuerte que el dolor presente.
Y pesan, pesan con esa fuerza
de no abandonar,
con la fuerza de un suicidio inminente.

martes, 14 de diciembre de 2010

Para mi Muerte


Cuando yo me muera...
No quiero a ningún idiota llorando, quiero sólo 4 melodías sonar.
La primera: Thank you (Alanis Morissette)porque hay mucho que agaradecer
a la vida, a mi gente.
La segunda: El Rescate (Enrique Bunbury)porque hubo algo que perdí hace mucho
una pérdida que no terminé de llorar.
La tercera: Brazos de Sol (Alejandro Filio) por muchas razones. Porque si un hombre en mi vida hubiése sido al menos la sombra de mi ideal, me la habría cantado. Porque aunque a los hombres les falte, a mi el narcisismo me sobra y es la canción que me dedico yo.
La cuarta: La Hombre que Casi Conoció a Michi Panero (Nacho Vegas). Porque Nacho describió tan bien lo que quisiera decir al morir.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Una historia verdadera Parte II


Le prestó el cuerpo al personaje que fue armando de tiras de heridas por eso de aquella adolescente semi-alegre, libre y algo hippie, no quedaba mucho. Se convirtió en una mujer amargada, malhumorada y con una tendencia incorregible al pleito. Aunque ha de decirse que no porque ella los buscara sino porque no les huía y porque su madre le heredó un orgullo incapaz de resistir la mínima ofensa en silencio, por más que hiciera el esfuerzo.
Se volvió asidua seguidora de música triste, de la cerveza, de la ropa negra y de la soledad, hasta aquella mañana lluviosa de noviembre.
El teléfono sonó cuando la voz del otro lado le reclamó
-Te he llamado muchas veces pero nunca contestas tú. Ya dudaba que fuera tu casa…- se hizo el silencio por un minuto. Él porque dudaba que ella le escuchara y Valeria porque estaba pasmada en la incredulidad de que fuera él.
- Pensé que al borrarte de mi correo me buscarías, te decidirías por fin a venirte conmigo.- prosiguió, con la corazonada de que estaban ambos en sintonía.- Ya sé que lo sabes, que te borré.
Se quedó en una nébula de emoción dubitativa hasta alcanzar balbucear -¿Para qué llamas?
-¿Para qué? ¡Mujer! ¿Qué esperas para dejarlo todo y venirte? ¿Te has vuelto mártir ad honorem? Te advierto que es la última vez que te llamo.
- ¿Eso es todo? - preguntó molesta
-¿Qué quieres decir?-
- Creo que fui bastante clara la última vez. No me voy a ir a ningún lado. Me quedo.
-Bien.- Colgó el teléfono y la puerta que ella vio abrirse por segundos se cerró en tan breve charla.
Su maldita necedad, su orgullo y ese deseo hipócrita de “ser correcta” se habían cargado su vida. Pero tenía que revivir, salir de ese infierno que sola construyó. Estaban los hijos, estaba el marido, pero cada cual haría su vida. Su marido mas pronto que tarde buscaría una que no le hiciera de su madre sino de su puta.
El teléfono sonó una vez más… y ella estaba lista, quería ser la puta protagonista de su propia vida, y mandar a los dos hombres de su vida a la vida de otra. Cogió su cartera, su dinero y se fue sin rumbo, con destino a no volver. Y fue feliz para siempre.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Una historia verdadera Parte I


Ella supo esa mañana a las 6:30, que se recordaría por siempre de esa escena en el parque, frente a la iglesia San Martín de Porres, con la brisa fresca rodeando su cuerpo inseguro y una señora cólera atravesándole la garganta. Valeria Durán estaba sentada a la par de su prometido Armando Bercián, un mentiroso sin vergüenza de vocación, que la dejó plantada para ir a confesarse antes de la boda por una borrachera gamberra, que ella tuvo que ir a espantarle a la cama. La noche anterior le advirtió con toda la desfachatez de sus años jóvenes que no se fuera de parranda con los borrachos amigos suyos, pero él lo hizo sin importarle ella o sus deseos, como lo hizo siempre. Y aún así, por un respeto invencible a su madre, decidió casarse, para disculpar la panza que indolente crecía a pesar suyo.
Hacía un año, el 28 de febrero, su corazón ajeno a la caja de pandora que luego enfrentaría, aún esperaba violento el incierto desenlace de un amor extraño. Su amor de entonces era un tipo de una sencilla complejidad que le gustaba y la atrajo desde el principio cuando una mañana de noviembre entró con los cabellos recién cortados y la barba bien afeitada (pese a los reclamos), para cursar los meses finales del último año de secundaria.
Hoy, más de doce años después su memoria retrocedía al parque. Habían transcurrido muchas peleas, una amante conocida (y otras clandestinas) e incontables lágrimas desde que perdonó al hombre irresponsable que tomó por marido.
Ese día pensaba en las incontables veces que el innombrable se perfiló como era en realidad antes de casarse. La dejó esperando horas por compromisos que nunca llegaban, flirteaba despreocupado con cualquier puta que se le cruzaba en el andar, y siempre veló sobre todo por sus propios intereses, de los que ella era parte material.
Pensaba también en los pocos recuerdos que guardaba de aquel amor adolescente que la consolaba cuando todo en su vida parecía ir mal, lo cual era más frecuente de lo que cualquiera imaginaba. Su aroma que inconfundible volvió a sentir un par de veces después de haberse alejado de él, su mirada profunda fija en la nada, unas fotos sin tiempo y aquella noche que compartieron, cuando ella lo escogió para ser el primero en su vida.
“Es que hay pecados que se pagan con sangre” se repetía, para aclararse que todo lo que le sucedía probablemente lo tenía bien merecido. Y aún así secretamente no aceptaba todo aquello y se preguntaba si realmente ella era tan malvada. A veces estaba convencida de que sí, porque no iba a la iglesia y porque en su mente había cometido todos los delitos posibles desde asesinar hasta suicidarse y desde fugarse sola con su egoísmo hasta entregarse a la lujuria de un amante que la tratara como reina. Y se decía “no, no debo pensar así. Dos malos no hacen un bueno” porque se resistía a huir o a entregarse a los amores prohibidos.

martes, 2 de noviembre de 2010

Señor Carrousel


Y tú señor Carrousel?
a la puerta, tras la ventana
los brazos de miel
mirada de abrigo.

Tú, Señor Carrousel en espera
de bandeja presta
lamiendo migajas

Deshaciendo las calles
la gente le ataca
único ciego, mister Carrousel

Dí ¿usarás tu nombre otra vez?
Dejarás que otras manos te besen la tez
remienden el corazón parchado

Si, tu´mister Carrousel
que perdiste la piel
la cubierta dignidad
que fuiste jabón.

Tu sonrisa lleva resaca
aquel vómito soez
pagaste la cocaína
quebraste las copas
las lágrimas tuyas

A ti señor Carrousel
las sobras en nombre ajeno
la tipa muerta en el diván
el sinsabor de la espera

Dejaste el orgullo en el andén
tú señor Carrousel
dejaste potenciales amantes
por ella, la Carrousel.

lunes, 1 de noviembre de 2010

DE RITUALES E IDIOTECES


Día de muertos dices.
Para mi todos los días conllevan muerte.
Conllevan una cuenta regresiva, pausada por las noches, pausada en las borracheras, cuando le quito el peso de esa capa de acero, la capa de dolor del alma.
Día del niño dices.
Yo vivo con aquella niña de rizos negros,
aquella a la que castigan con lazo mojado,
a la que azotan con una manguera,
aquella a la que sus padres odian.
Día de la madre, te atreves.
Yo vivo con ella, sus insultos me susurran al oído
me recuerdan una miserable hija de puta que jamás será ni remotamente buena,
ni valdrá lo suficiente.
Día del padre me escupes.
Yo te enseño la sombra gris tras mi espalda,
pesada, cargada con lentitud de funeral, con tristeza de abandono.
Diás y días mencionas hasta llegar a religiones, a rituales.
Yo te observo indignada, resignada.
¿Qué sabrás tú jamás lo vivido?
¿Qué entenderás de rituales e idioteces en los que yo dejé de creer?

martes, 19 de octubre de 2010

Fuego


No juegues conmigo
soy fuego que arde
que quema y destruye
que limpia y que mata
que enciende en llama
y acaba en tormenta

No juegues viejo
mi juventud es en balde
la chispa caducó en destrucción
en vela que purifica y cambia

No juegues conmigo
este fuego no es pasión
no es lujuria
es reposo, es veneno
es látigo, es silencio

No juegues conmigo
yo no busco y no quiero
soy llama, soy fuego
no juegues conmigo

martes, 5 de octubre de 2010


No tomo drogas porque no las necesito. El mareo es constante, el dolor de cabeza también, los sentimientos a flor de piel siempre, y la tristeza es un mal sin remedio. Nada la borra, y entre más la tratas de dormir, más se rebela como jinete apocalíptico, cabalgando arrogante y poderosa.
Los problemas comienzan y terminan contigo. Estoy ajena a ti y mi vida si bien no brilla, es la mediocridad aceptable que me tejí. Estás tú y la triste normalidad se vuelve un agujero negro, torbellino de cóleras y rencores presentes y pasados.
Yo tan incapaz de deshacerme de ti, con este miedo bastardo, y tú tan incapaz de ser digno y dejarme por tu honor y auto respeto.
Debo callarme porque has invadido todos mis espacios. Me aguanto como otras lo han hecho. Ellas detrás de un fusil, de pancartas u otra arma mortal. Yo armada de mi cama, que ya no sirve para sexo, sólo de consuelo para dormir mis penas, armada del vacío tan profundo que hay en mí, lista con mis amarguras, presta a llorar, a estar sola, como lo estoy desde que estás conmigo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

sin nombre


Hace tiempo decidí no ser una mala copia de nadie, menos de ti.
Ya había transitado muchos senderos gastados
(los que usan todos tarde o temprano).
Yo que tengo esa rebeldía a todo preferí “salir”,
ser yo, recorrer mi propia senda, aunque acabe en perdición.

El licor lo tomo no para olvidar,
como dicen por allí
sino para ser una yo menos pesada
para hablar cuanta pendejada.
Tampoco lo bebo por nadie
pues nadie me provoca tal pasión.
Si una vez tuve algo vivo dentro
hoy se ha dormido o se ha muerto.
No me acuerdo ya de nadie y si lo hago de ti
es sin razón y sin sentimiento.

Yo no me cubro los ojos
ni los escondo tras unas gafas de sol.
Yo veo y me dejo mirar…de vez en cuando
No hay nada que ver en un cristal blanco.
Me he peleado con el teléfono
con la gente también
El mundo es un lugar absurdo
contradictorio, un poco inmundo.
La contradicción la aceptaría
si no fuera entrelazada a falsedad,
a dobleces e hipocresía.

Yo no quiero estar anestesiada, muchos años ya de eso
Si el mundo vive para anestesiarnos
yo vivo para ser y hacer lo contrario
de lo que me dicen y me dan.
Decidí también no salir de casa
o salir lo menos y evitar al mundo
porque prefiero observar,
ser observadora del mundo,
de la gente, del lugar.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Parir un escrito


“La ruina trajo consigo y de la mano las musas”- Enrique Bunbury
La Poesía no se tiene con cesárea. Es un parto lento, crónico, vital y eterno, con dolor. No se escribe (al menos es mi caso) cuando se está alegre y la vida te sonríe, cuando vives anestesiado por fluoxetina, paroxetina y otras drogas anestesiantes. Eso te puede dormir los demonios y paliarte el dolor pero no te permite estar vivo, estar presto a parir.
Escribir es la necesidad de los insatisfechos, los abrumados con la ruina mental, y social. Dudo saber de escritores felices, buenos escritores, quiero decir. No esos que te hablan del ice cream que se comieron, del shopping que hicieron o de lo down que andan hoy.
Y luego el parto, resulta siendo más un aborto. Yo que he parido reconozco la alegría que trae consigo un hijo. La creación te trae más bien un alivio, haber sacado aquello que te quemaba la garganta, que te irritaba las manos, que se moría en tu vientre y te llevaba consigo.
Y qué decir de las musas, las lesbianas (en mi caso) que te embarazan. Nunca tuve una que fuera bella. Eran más bien unas arpías de mitología, unas medusas maltrechas que me hipnotizaban con cantos de sirena endemoniada. Fueron aquellas veces en que quise cogerme a mi marido y no le provoqué el más mínimo pensamiento sucio; fueron las tristezas de un hogar roto; los llantos de una niña solitaria, rechazada, un engendro extraño; la soledad crónica tan amada; el miedo infinito a todo y a todos; fueron una mañana como hoy en que la vida me parece ajena, en que escribo para evitar la locura inminente, las lágrimas contenidas que me llevarían a volver a esos males llamados antidepresivos que me tendrían en el limbo con un aborto a medias desangrándose entre mis piernas, infectando mi alrededor (que ya bastante contaminado está).
Una narcisista solapada que escribe rodeada de familia propia muy ajena

sábado, 18 de septiembre de 2010

Nacho Vegas- el ultimo baile

El Deseo


Siempre pensó y deseó vivir hasta muy entrada en la ancianidad pues se imaginaba apacible y plena para entonces. Tenía muchos planes, sueños y lugares que quería ver. Disfrutaba mucho también de la música, de una secreta vida bohemia e incluso del complicado mundo cibernético. Su vida, a su parecer, era satisfactoria pero aquella noche tras meditarlo bien decidió que prefería morir joven para liberarse de un triste matrimonio en el que se había mal alojado a una edad demasiado temprana.
Sara López era una mujer de veintinueve años, en esa edad donde no eres demasiado joven como para despertar todas las pasiones ya, ni eres tan vieja como para ser sabia. Tenía una piel morena un poco marchita y unos pequeños ojos miopes (físicos y psíquicos), un cabello corto con actitud de “soy una mujer fuerte, ¡Aléjate!”. Su cuerpo que una vez fue tentador, ahora era una masa gruesa de pequeñas lonjas con celulitis a causa de la constante pereza en la que se había instalado desde que comenzó a tomar antidepresivos; los senos una vez bellos se convirtieron en dos macilentos sacos de residuos lácteos.
Sara conoció a aquel hombre que era su marido hacía ya doce años, en un hospital donde él trabajaba como médico. Era un tipo regordete que físicamente no había cambiado mucho a excepción de unas cuantas arrugas y canas nuevas, y quizás unos kilos de más, pero eso ya Sara no podía recordarlo porque había pasado tantos inviernos a su lado que apenas notaba las diferencias, comparando las fotos de antaño a su imagen actual.
Aquella noche como otras tantas, Sara López y Mauricio Cabezas discutían por las mismas razones que habían discutido los últimos doce años: la apatía de él, su falta de interés en ella y su mal desempeño en el arte del amor conyugal, que ella ya no le excitaba, y por último como todo esto le arruinaba la vida a ella. Él le respondía “me contestas mal, me insultas, eres muy enojada, no me tienes paciencia, no muestras interés en mí y en mis cosas”. Al verlos, ambos tenían razón. Eran criaturas demasiado dispares que el destino caprichoso hizo por unir y un embarazó garantizó.
Pero aquella noche era diferente. Diferente, porque ya ambos estaban cansados pero además ella acababa de descubrir que la dulzura que tanto anhelaba en su relación se había mudado a su sangre, y las botanas y las cervezas que paliaban sus días habían dado frutos en sus venas en forma de un respetable y creciente colesterol. Fue entonces cuando lo pensó. No quería vivir para seguir en esos juegos mentales crueles. Era demasiado cobarde, perezosa y miedosa para un divorcio- por ella tantas veces propuesto-, y huir implicaba estar viva pero lejos de sus hijos. Así las cosas era mejor morir, pues muerta no tendría que lidiar con las burocracias legales y sociales de un divorcio, no tendría que herir a sus hijos y ver correr sus lágrimas, ya muerta no se enteraría de nada ni de nadie.
Un amante. Sonaba bien y lo pudo haber sido de no ser porque tenía un verdugo por consciencia y la pena de ser descubierta no la habría dejado vivir. Pensar en que sus hijos se enteraran y que su marido botara su reputación tan intachable, era mejor la muerte. Era una mujer de honor, a pesar de sus errores. Le dio muchas vueltas al asunto, tratando de encontrar soluciones incluso descabelladas como asesinar al insufrible marido, pero esa era una complicación en la que no deseaba incurrir ni con su consciencia ni con la ley. Además no lo odiaba como para asesinarlo. Habría sido conveniente si él por razones ajenas a ella hubiese muerto pero siempre se supo escasa de tal suerte. Así que pensó. Pensó hasta bien entrada la madrugada, cuando el teléfono sonó.
De pronto era 1997, su madre la llamaba de un cercano país porque estaba en el hospital a punto de ser operada. ¿Qué pasó? ¿Fue una pesadilla? Corrió al aeropuerto sintiéndose extraña en aquel olvidado cuerpo de diecisiete años. La sensación era increíble, sentir de nuevo aquella piel tersa, aquellos músculos aún duros y pegados a su piel, sin grasa de por medio. ¿Cómo había regresado al hermoso día aquel?
Entró al hospital y recordó que no debía recostarse en la cama como la primera vez, porque fue así como conoció a aquel hombre. Entró a ver su madre, pensando más calmadamente que ni siquiera debió haber llegado, en primer lugar.
Mauricio entró a examinar a la paciente. La vio y le habló de las mismas trivialidades que había hablado hacía doce años, ese mismo año. Pero esta vez ella sabía mejor, ya había tenido esa pesadilla e imposiblemente había despertado para comenzar de nuevo en el justo lugar.
La invitó a salir como lo hizo antes. Ella le dio un rotundo “No” y le dio por primera vez las mismas miradas de desprecio y el mismo trato que le venía dando hacía años. Salió de aquel hospital con una sonrisa, sintiéndose demasiado afortunada de tener otra oportunidad, dejando al doctor preguntándose qué diablos le había hecho él a esa chica maleducada, mientras su madre se preguntaba avergonzada “¿qué rayos le pasa a esta niña?”.
Cruzó la calle agradecida de haberse librado de Mauricio. Iba más aliviada que feliz cuando un camión de recuerdos no pudo detenerse y la arrolló con toda la petulancia de las cosas grandes ante las pequeñas y frágiles. Así que pensó de nuevo, como lo hizo doce años después; pero no pudo porque ya no estaba allí. Había desaparecido de su hoy y de su ayer, por ese hombre otra vez.
Siempre había deseado volver a esos años y últimamente también había deseado morir.

de lo profano


Las uñas cortas casi destozadas: un leve frío espiritual que casi quema la consciencia. Una resaca de nostalgia, la añoranza de esa voz tan amada y conocida y tú que no eres más que la base vital de una vida inestable, casi muerta. Inspiración dipsómana, sentimientos anestesiados y añejados al dulzor de la perfección de armonías sinfónicas.

Hace tiempo no escribía. Hace tiempo, también, no sufría depresión. Supongo que el ciclo más largo de antidepresivos (2 años) surtió efecto y pude vivir sin ellos por 7 imperfectos meses. Ahora vuelvo a querer llorar y quién sabe, talvez pronto hasta me dé por quererme matar, pero eso mejor me lo callo y espero.
Ayer, en el aspecto positivo de esta nueva crisis, volví a sentir algo parecido a la inspiración y me han venido estas dos frasecillas (la primera es con la que he iniciado) y he aqui la segunda:
Me canso de preguntar a quienes "saben más" pues los caminos recorridos pesan sobre lomos de quien los hizo, les pertenecen; a mi lo ajeno me estorba y me esclaviza.Prefiero adentrarme en las selvas oscuras de mi inexperiencia y mi desengaño, que al final igual he de añadir a mi ya tan grande equipaje. Dejé de ser viajera de la vida para ser simple turista. Dejé lo profundo por lo profano y con ello he de vivir.

Pienso que estoy en la tercera década de mi vida y hay cosas como mi matrimonio que deberían funcionar mejor o dejar de existir de una buena vez. Mi problema es ser una cuadraplégica emocional, incapaz de tomar decisiones que afecten a otros, y en este caso los otros son 2 púberes de 10 y 12 años.
Yo ya estuve allí, en el ojo del divorcio de dos personas que jamás se debieron casar (mis padres) por lo que no quiero repetirles la historia a dos chicos que no merecen los desastres de dos enfermos mentales que son sus padres.
Por lo pronto y mientras decido que hacer de mi vida, escribiré, que es lo único después de las pastillas, que me da alguna suerte de calma.