jueves, 10 de noviembre de 2011

Carta a quienes me trajeron a este mundo

Hoy, en un momento de locura, depresión y desesperación casi envío el siguiente escrito a mis "padres", Aún no sé si lo haré pero por lo pronto aquí lo dejo:

He pasado momentos malos y terribles desde que tengo uso de razón. En cada uno de ellos he estado sola. Me he querido morir miles de veces pero soy una cobarde de mierda, la misma niña golpeada y humillada que fui siempre, la misma niña no deseada.
Hoy soy una mujer emocionalmente muerta, una discapacitada de la vida, gracias a un par de discapacitados igual que yo que un día decidieron estúpidamente ser padres. Es cierto, hay peores, pero eso ya lo sabemos porque el mundo podrido de hoy es testigo fiel de esas "cagadas". Quienes no cometen delitos punibles, viven como yo, en la oscuridad de hogares malditos. La gente conoció a dos cristianos pero a mi me criaron dos "mundanos", que hoy estarían presos por negligencia, abuso y otros cuantos cargos más. ¿No se les ocurrió que talvez mejor me hubieran dado en adopción a padres más capacitados?

Fui criada para seguir un molde, que no era precisamente el de la felicidad sino el de una religiosa falsedad, un seguir las apariencias y el puto molde de la "familia pastoral", ser el último lugar en la vida de quienes me trajeron a este mundo y debieron haberme amado, cuidado y protegido.
Hoy como tantas otras veces mi vida se derrumba, estoy sola pero lo más triste es no tener una sola persona a quien acudir porque esas figuras que los demás llaman padres, personas llenas de amor, que les abrazaron, cuidaron y apoyaron, esas figuras yo no las conocí y hoy más que nunca, son quienes más lejos están de mí.
Siempre quise vencer el miedo de esa niña a correr, a salvarse, pero yo así como esa niña aprendí a quedarme a sufrir por miedo a correr. Cosa que mis 2 padres no hicieron. No. Cuando el barco se hundía, ellos se salvaron y huyeron como ratas en naufragio, y a los hijos que se los llevara el diablo, y lo hizo, se los llevó. Lo cómico es que cuando los hijos hicieron sus cagadas todavía tuvieron el descaro de reclamarles y sentirse ofendidos.

Y si hoy escribo esta carta es porque no tengo a quien más culpar, que a los culpables. A esos seres para quienes es mucho dinero hacer una llamada, para quienes es demasiado difícil cumplir un rol que ellos se buscaron. Le pido a Dios sólo una cosa: no ser la clase de padres que yo tuve.
Dicen que cuando uno se convierte en padre, logra perdonar los errores de sus padres. Yo he descubierto exactamente lo contrario cada año que pasan mis hijos. Comparo lo que hago y cómo reacciono a la forma en que lo hicieron mis padres y no me explico tanta falta de amor y cuidado. Particularmente de una madre, porque sé que me iría contra el mundo si de defender a mis hijos se trata. Porque no hay marido ni persona alguna que tenga mayor importancia que un hijo.

Y por cierto, adelante ustedes también pueden culpar a los, seguramente, pésimos padres que les sirvieron de ejemplo.

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